EL DOPAJE EN EL DEPORTE


Recuerdo muy bien ese momento, era marzo de 1985 aún soñaba con llegar a jugar en las grandes ligas con los yankees, y solía escuchar prácticamente todo el día a Madonna. La vida era muy común para mí como la de todo joven adolescente, con sueños en el deporte y con metas académicas por cumplir. Recuerdo como si fuera ayer, como se desarrollaba mi día de entrenamiento para poder estar en la selección de beisbol de Guatemala y poder iniciar (según yo), mi sueño de llegar a la gran carpa del baseball.


Luego de una jornada ardua en la Universidad por la mañana, mis entrenamientos iniciaban a la una de la tarde en el Trapo Torrebiarte (diamante de beisbol ubicado en el Hipódromo del Norte), corría aproximadamente de 8 a 10 km, luego sesiones de tiros como lanzador, entrenamiento técnico, etc. Luego de aproximadamente cuatro horas de entreno, me dirigía a mi casa escuchando la mejor música pop que ha habido y habrá en la historia, pensando cómo sería mi debut con los yankees!.


Había momentos en que deseaba tirar todo al cesto de la basura, dedicarme solo a mi carrera de la universidad y dejar que los sueños de ser un atleta de alto rendimiento fueran a caer a la mente de otro joven inmaduro, sin embargo era tanto mi pasión, que no me lo podía permitir. Una mañana, agotado con mi brazo de lanzar lesionado y mucha ira por decisiones dirigenciales que me afectaron, no fui convocado a la selección de beis de Guatemala para los juegos Centroamericanos de la paz organizados en ese año a pesar de mis condiciones, se me acercó mi entrenador del gimnasio (de quién omitiré su nombre), y me mencionó una forma fácil de poder salir del sobreentrenamiento, recuperarme rápidamente de mi lesión, aumentar mi peso muscular, y un largo etc. de variables que me iban a hacer llegar a otro nivel en muy poco tiempo.


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